Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Comentarios del Evangelio

El demonio mudo


EL DEMONIO MUDO

Había mucha gente, pero Jesús ve que los discípulos discutían con unos escribas y les preguntó: ¿De qué discutís con ellos? Jesús estuvo especialmente atento a que los discípulos no se contagiaran de sus influencias. “Uno” le respondió: Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo. Veamos este espíritu, es peligroso. Es el que no nos deja hablar, el que nos vuelve mudos como a mucha gente que hoy hablan mucho pero no sueltan nada de aquello que verdaderamente les hace sufrir. Jesús estuvo especialmente atento a este tipo de mal. “dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y le deja rígido” (Mc 9,18)

Pues vaya con este espíritu… que se apodera de tu vida y te derriba. ¿Habéis experimentado el dolor de la caída sin poder culparos más que a vosotros mismos? ¡Como duele! Es mucho más fácil que haya un culpable externo. Mucho más fácil, pero no es así. El mal te nace desde dentro. Espumarajos de confusión y vergüenza os tapan la boca. La sensación de que el silencio es suficiente no basta. Jesús sabe bien de este demonio maldito. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido. El poder sobre el espíritu mudo se mide por nuestra confianza en el perdón. ¡Traédmelo! y el demonio “apenas el espíritu vio a Jesús” supo que su poder empezaba a estar derrotado. Vuelve a tirar a tierra al muchacho en un último combate de sumisión y vergüenza. Ahora viene lo más terrible. Jesús pregunta a su padre: ¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto? Le dijo: Desde niño. Es decir, desde siempre vivió entre espumarajos de rabia y menosprecio de si mismo, cayéndose sin que nadie lo derribara, con una impotencia terrible. Muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él, porque lo que en realidad quiere este espíritu es acabar contigo mismo. No hay posibilidad de curarte por ti mismo. Pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros. Ahora, después del reconocimiento del poder de Jesús, el demonio tiembla. Cae su poder. Jesús le dijo: ¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree! Al instante gritó el padre del muchacho: ¡Creo, ayuda a mi poca fe!

 “Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él." El espíritu sordo a los demás, el espíritu mudo por espumarajos de rabia y rencor siente el poder del amor de Jesús. Uno más fuerte que él le ha reconocido y ha permitido un acto de fe y confianza suficiente para vencer su silencio. “El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto.” Pero era exactamente, al contrario: “Jesús, tomándole de la mano, lo levantó y él se puso en pie.” Solo cuando Jesús te toma de la mano puede sostenerse tu vida en pie. Si no es por su fuerza lo normal es moverse silenciosamente entre espumarajos. Nuestro orgullo intenta mil excusas hasta encontrar la única salida posible: la confianza en su amor.

Uno de los signos para reconocer nuestro particular demonio mudo es que cuando se apodera de nosotros “rechinan los dientes y te quedas tieso”. Parece que no es tan mudo este espíritu, aunque esto de quedarse “tieso” se parece mucho a la mudez. Te quedas tieso cuando tu alma se endurece, cuando el calor desaparece de tu corazón y se vuelve de piedra, incapaz de sostenerte en pie, cayéndote de pura debilidad. Y no digamos nada del “rechinar de dientes”. No se vosotros que pensareis, pero a mí me parece que los dientes de muchos hermanos nuestros están todo el día rechinando de rabia, rencor, miedo y deseo. Hay dolores de alma que no pueden expresarse en palabras. Cuando esta mudez se apodera de nosotros, ni los discípulos del maestro “pueden con él”, únicamente el Maestro, directamente, por un acto de fe que le reconoce superior y único Señor.

Al espíritu maligno tú le importas un carajo. Si es necesario “lo tira al fuego o al agua para matarlo”. Vamos, que le da igual si es por fuego o ahogado pero este espíritu te quiere quitar la vida. Y puede conseguirlo. Por eso la petición del padre tuvo mucho sentido: Si puedes hacer algo, apiádate de nosotros y ayúdanos. Fue una petición a la desesperada tipo hemorroisa, que son las que más le gustan a Jesús. Cuando estás muy mal con muy poco, con “algo” nos conformamos, pero con quererlo tampoco salimos del pozo. Eso de que “querer es poder” es mentira. Sólo con Jesús puedes. Reconocer esto es la llave para abrir su poder. Yo creo. Ayúdame a creer más. Yo creo, pero no puedo creer más, aunque quiero. Ayúdame. Esto es más que suficiente. “Jesús lo agarró de la mano, lo levantó y el muchacho se mantuvo en pie” El mal viene de fuera y duele. Jesús puede y quiere curarnos, pero nadie se mantiene en pie si Él no nos agarra de la mano.
 






13/07/2018 09:00:00