Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, párroco de la Basílica de la Merced de Barcelona,
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Poesía

Es necesario soñar para superar el cinismo. Necesitamos de un esquema referencial, atractivo, fecundo, con fuerza, con gancho para arrastrarnos; solo así cada hombre puede considerarse una promesa, una realidad que no se destruirá con el paso de los años ni desaparecerá frente a las vueltas de la vida, los cambios, las modas.

Siempre hay espacios, pliegues y fragmentos de nosotros mismos que convienen descifrar en su verdadero significado. El centro de nuestra identidad tiene un haz y un envés, una hacia el exterior y otra que se cierra sobre sí misma, sobre la propia intimidad. Es en la intimidad donde nos encontramos con nosotros mismos. Quien vive pendiente de las apariencias, de fugaces impresiones, renuncia a su propio interior. 

La fe es escucha y visión al mismo tiempo. El conocimiento asociado a la palabra es siempre personal; reconoce la voz, la acoge en libertad y la sigue con obediencia. La fe es un conocimiento que se aprende únicamente en el camino del seguimiento. La escucha ayuda a representar bien el nexo entre conocimiento y amor. A la escucha de la Palabra de Dios se une también el deseo de ver su rostro. La vista nos da la visión completa de todo el recorrido y nos permite situarnos en el gran proyecto de Dios; sin esta visión, tendríamos únicamente fragmentos aislados de un todo desconocido.

Creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver. El papa emérito Benedicto XVI nos animaba a seguir el camino de la mirada. ”Gracias a la unión con la escucha, el hecho de ver, también forma parte del seguimiento de Jesús y la fe se presenta como el camino de la mirada, en el que los ojos se acostumbran a ver en profundidad. Así, en la mañana de Pascua, pasamos de Juan quien, aún en la oscuridad, ante el sepulcro vacío, a María Magdalena que ve, ahora sí, a Jesús y quiere retenerlo, pero a quien se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la confesión de María Magdalena delante de los discípulos: Aprender a mirar puede ser costoso, difícil.

La poesía nos anima a escuchar y la imagen nos permite mirar en profundidad. Vivir de puertas adentro nos permite saborear, disfrutar y conocer a los que viven más cercanos a nosotros y nos permite construir nuestro propio proyecto personal desde lo más profundo de nuestro interior. No hay que temer a la soledad cuando, desde ella, podemos comprender mejor nuestra propia historia y rehacernos de nuevo. Jesús se puede ver y sentir.

Uno de los peligros que conllevan la prisa y el ruido es el cinismo. Nos volvemos pragmáticos. Conocemos el valor de todas las cosas, pero de verdad, no confiamos en ninguna. Lo que hoy se critica, mañana será defendido con pasión; lo importante es el momento, el aquí y ahora, el instante concreto que vivimos, nos apuntamos con quien gana y poco a poco, el vértigo de la fugacidad y de la urgencia nos vuelve cínicos, fríos, sarcásticos y bastante insensibles.

San Agustín comentando el pasaje de la hemorroísa del evangelio, la mujer que toca a Jesús para curarse, afirma: "tocar con el corazón: esto es creer". Ante esta mística de la nada, del todo vale, necesitamos luchar por la coherencia personal, apostando claramente por valores inmutables, positivos y por unos ideales de trascendencia que nos ayuden a descubrir toda la belleza, la nobleza y la grandeza que hay en el mundo.

La poesía y la imagen nos pueden ayudar a cultivar una fecunda vida interior, enriqueciendo el hilo argumental que nos ayuda a articular nuestra propia personalidad, en un deseo firme y permanente de búsqueda de la verdad. La luz del amor brilla cuando nos toca el corazón. Entonces comprendemos por qué, junto al ver y escuchar, la fe también es tacto. Jesús nos tocó y también hoy sigue haciéndolo. Con la fe, nosotros también podemos tocarlo. Cuando estamos configurados en Él, recibimos los ojos para verlo.



Presència del misteri

Aquest poema pretén explicitar com la imatge i la paraula expressen amb més força les presències d’un Misteri Diví que cap concepte és capaç de retenir del tot.
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Esperanza, camino nuevo

En este poema el autor nos propone la esperanza cómo la virtud fundamental del caminante y cómo una nueva forma de mirar la realidad. Es necesario mirar hacia nuestro interior para poder caminar de nuevo.
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Nostalgia, memoria del olvido

Nostalgia, memoria del olvido propone que la nostalgia del tiempo pasado nos permitirá hacer memoria de nosotros mismos y descubrir en el tiempo un momento fugaz de la eternidad a la que estamos llamados.
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Amanecer de vida

El autor propone una descripción del amanecer claramente simbólica: el día es renacer de nuevo al don de la vida. La noche, en cambio, es un pequeño anticipo de la muerte. Duro combate que se libra a diario. Día y noche, vida y muerte, realidades y paradojas de nuestro existir.
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Amistad de fuego

Este poema es un verdadero canto a la amistad. Partiendo de realidades cotidianas como la brisa y el viento, la oscuridad, la luz o el fuego, el autor nos presenta la amistad como una oscura claridad que acompaña nuestra vida.
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Paz de amor

Este poema nos propone la paz interior como la atmósfera habitual en la que vive quien ama y es amado. Efectivamente, el niño, el pobre y el enfermo nos muestran sin palabras que la esencia de la paz consiste en dejarnos amar y agradecer el amor como un don gratuito.
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Vivir o llegar tarde

El poema nos señala que vivir comporta mirar hacia el interior de nosotros mismos. El alma descubre el mundo con su mirada pero, a menudo, se olvida mirarse a sí misma. Para ello, para comprenderse, es necesaria la luz que el amor de Dios nos ofrece.
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Rotllana de Pasqua

Aquest poema és tota una contemplació de la Pasqua. A partir de la sardana com el ball que agermana, ens proposa la rotllana com un esforç compartit, pas a pas, per trobar-nos units al centre mateix de la vida.
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Dolor, espurna de vida

L’autor ens presenta el dolor i el somriure com a realitats quotidianes de la nostra vida. El dolor és esquerda de vida, però també espurna d’esperança. Dolor i vida conformen la nostra existència diària.
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La llibertat, lliure

En aquest poema l’autor ens presenta el drama de la llibertat humana cridada a afrontar el seu propi destí, i per tant, ben diferent de la situació d’aparent llibertat del vent, l’ocell o la llum, que actuen moguts per l’instint o la natura.
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L'esperit, ull de l'ànima

Aquest poema és un cant a l’esperit, ànima de la nostra ànima, centre del temps que ens es donat i que, en les voreres del món, reflecteix la imatge del Déu creador, del qual n’és una espurna.
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